En
esta oportunidad leeremos la Lección 3 del libro de Nicolás Arata y Marcelo
Mariño y el segundo capítulo del libro de Adriana Puiggrós.
El
primer texto se inaugura con una cita de Elise Rockweel que expresa “todo proceso revolucionario identifica a la
educación, tarde o temprano, como un instrumento clave para la transformación
social”. Revolución y educación convergen. Agreguemos, que desde los
acontecimientos de Mayo de 1810 la palabra revolución
adquirirá densidad de sentidos a lo largo de toda nuestra historia. Por eso, urge desarmar un poco la trama para
comprender mejor este momento histórico.
En este sentido, el escrito nos presenta dos momentos claves, el
primero, el que los autores definen como
“reacción ilustrada”, que corresponde
con las Reformas Borbónicas y el intento de la Corona Española de reforzar su
dominio sobre el continente apelando a ideas “modernas” y, luego, el momento
siguiente, el que se inicia con los sucesos de mayo y que los autores titulan de
manera elocuente “Fervor de Mayo”.
Resulta sugerente la apelación al término “fervor” para hacer referencia a un
acontecimiento que irrumpe en la escena histórica modificando sustancialmente
todo, prolongando sus consecuencias hasta por lo menos la organización del
Estado Nacional luego de 1860.
Ambos
momentos se producen bajo el signo de la Ilustración, de allí puede entenderse
mejor el título de la lección. La diferencia entre uno y otro remiten
fundamentalmente a su contenido político.
Señalando esto podemos entender el carácter reformador de algunos
escritos de Manuel Belgrano en tanto funcionario de la Corona y, luego, como
revolucionario en el contexto de la emancipación.
El
título con el que inicia Adriana Puiggrós su escrito, este es, “La formación del sujeto independiente”, puede
leerse acompañado de la cita de Rocwell que exhiben Arata y Mariño en su
lección.
Las
“breves historias” que escriben los historiadores siempre transitan un riesgo,
diría, inevitable, el de decir un tanto apretado lo más que se pueda sobre el
asunto. Pero lo que se gana con ello es la posibilidad de pensar en relatos integrales, articuladores de sentidos. Y aquí
hay que visibilizar algo obvio; la lectura del pasado no escapa de las
urgencias del presente. Con ello quiero decir, toda escritura sobre el pasado
tiene su carácter político y el de Adriana no escapa a ello ni tampoco los diferentes
autores que leemos.
Expreso
esto porque me interesa que dudemos hasta qué punto los hispanoamericanos, como
afirma ella, en el momento de la reforma borbónica habían comenzado a
visualizarse como sujetos independientes. Lo que quiero decir o mejor dicho,
visibilizar, es la pregunta por la revolución, ¿hasta qué punto la revolución fue un objetivo y no una consecuencia
del proceso político que se abrió en el contexto de una crisis mayor? Y en
este caso, ¿hasta qué punto esos sujetos
debieron devenir en revolucionarios y posteriormente en independientes tras las
exigencias del escenario que se presentaba?. No estoy seguro si podremos
responder estos interrogantes aquí pero en todo caso me interesa que podamos
poner en cuestión las miradas esencialistas sobre la construcción de nuestra
identidad.
Este
capítulo de Puiggrós tiene la potencia de ofrecernos de una manera clara un
esquema ordenador del escenario educativo (pág. 44 y 45) que se configura desde
1810 hasta por lo menos 1850, quizás un poquito más. Este cuadro revela la
complejidad que gira en torno a la definición de una política educativa. La
autora las define como corrientes pedagógicos que, y esto es fundamental, se
definen no solo desde la teoría sino desde las diferentes experiencias políticas
cuya centralidad gira en las figuras de los caudillos. Estas corrientes se
suceden secuencialmente pero también coexisten en un mismo tiempo algunas de
ellas. Completa el cuadro la definición
de “concepción educacional colonial”
(pág.59) que realiza sobre las propuestas educativas de Facundo Quiroga y Juan
Manuel Rosas
Por
último, ambos textos, e incluiremos otros, nos permiten explorar este proceso
histórico que antecede a la sanción de la Ley 1420 que se considera como
fundante del sistema educativo, cuestión acertada pero que, generalmente se la
piensa desprovista de su pasado. Esto último estamos problematizando.
La ruptura del orden colonial
Es
necesario que podamos hacer alusión al proceso de desarticulación del orden
colonial en América, al menos de una manera breve. Entonces viene bien
considerar que, como vimos en las clases anteriores siguiendo a José Luis
Romero, los españoles consideraron la conquista y posesión de un territorio más
allá del espacio realmente ocupado, todo legitimado simbólicamente. Pero esto
no era más que un desfasaje respecto a la realidad; gran parte del territorio
americano estaba ocupado por comunidades indígenas libres, que definieron sus
estrategias de supervivencias y con ellos su modos de vida, y que continuarían
así hasta fines del Siglo XIX en el momento de la organización del Estado
Nación.
A
esto debemos agregar que, el orden colonial siempre fue puesto en cuestión;
desde el primer momento hubo diferentes levantamientos indígenas a lo largo del
todo el continente. Luego, tras la Reforma Borbónicas, los levantamientos, como
el caso paradigmático que comandó Tupac Amaru, adquirieron rasgos indígenas-criollos.
La
Reformas Borbónicas fueron una serie de medidas políticas-administrativas
aplicadas por la Corona española que buscaban fortalecer su dominio en América.
Por ese motivo se crearon los Virreinatos de Nueva Granada y el del Río de La
Plata (1776), completaban el cuadro los existentes, el Virreinatos del Perú y
de la Nueva España.
Estas
reformas tenían un sentido modernizante y centralistas. Si bien no fueron las
causas del proceso de desmembramiento del imperio sus consecuencias sentaron
las premisas sobre las cuáles emergería la crisis posterior. Un principal
problema; establecer un acceso desigual a los cargos políticos-administrativos
claves entre criollos y españoles combinada con unas políticas económicas que
tenían como fin favorecer notoriamente la metrópolis mediante un férreo
monopolio comercial que sin embargo era burlado por contrabandistas vinculados
a comerciantes ingleses. En efecto, se
establecía un trato diferencial en el interior del imperio entre colonia y
metrópoli. Loris Zanatta lo relata así:
En
las Américas, difundieron la percepción de que el vínculo con la madre patria
había cambiado y que, sí en un tiempo todas las partes del imperio habían
vivido sujetas por igual a un soberano, ahora existían evidentes jerarquías
entre las metrópolis y las colonias, donde las primeras detentaban, de ahora en
más, la primacía (...) Las élites criollas en América empezaron a sentirse
traicionada en el plano político y perjudicadas en el económico. Traicionadas,
porque se veían privadas de sus antiguos derechos (su autonomía y de sus
poderes); perjudicadas por que se encontraban sujetas a las necesidades
económicas de la corona.
Una
idea sostenida recientemente entre los historiadores es que la ruptura del
orden colonial y el proceso de emancipación deben entenderse como consecuencia
de una crisis mayor que se da en el contexto del imperio español. El desenlace
responde más a la reconfiguración de un escenario político inestable y dinámico
que conduce a los distintos actores sociales y
políticos a ajustar constantemente sus estrategias. Esto es lo que les
adelanté en mi comentario sobre la lectura
Arata y Mariño y también en Puiggrós.
Por
último, de nuevo con Loris Zanatta, una síntesis para cerrar este breve
comentario.
El
inicio del derrumbe de los imperios ibéricos en América fue desencadenado por
la invasión de los ejércitos franceses de Napoleón, primero en Portugal y luego
en España. Mientras que la corte portuguesa encontró refugio en Brasil y creó
así las condiciones para una Independencia indolora, bajo el signo de la
continuidad monárquica, la caída del monarca español, en cambio, provocó un
enorme vacío de poder en la América hispánica. Ausente el soberano, se inició
una crispada discusión acerca de los fundamentos del orden y de la soberanía
política; mientras tanto la América hispánica hizo su propio ingreso en la
política moderna del pueblo soberano y de las elecciones, tanto en la parte de
América que había permanecido sujeta la Constitución española de Cádiz como en
la que proclamó desde entonces su independencia. La restauración absolutista
impuesta por Fernando VII acabó con el último vínculo entre los reinos
americanos y la Madre Patria, abriendo la puerta las guerras de Independencia
propiamente dichas, al término de los cuales los ejércitos de Simón Bolívar y
José de San Martín expulsaron a los españoles del América del Sur.
La Ilustración
Un
concepto clave que trabajamos en esta clase es Iluminismo o Ilustración. Su
comprensión es fundamental para entender la noción moderna de educación que se
construye en esa época y que nosotros, con algunos matices, heredamos. Podemos pensar a la par de lo que plantea
Adriana Puiggrós, que el paso de una educación colonial a un educación moderna
no es un proceso definitivo sino más bien conflicto, con avances y retrocesos.
Oscar
Terán en su libro Historia de las Ideas en la Argentina. Diez lecciones
iniciales 1810-1980 define de este modo al iluminismo:
(...)
el nombre de ilustración o iluminismo se conoce como un período histórico
cultural europeo que alcanzó su máximo desarrollo en el siglo XVIII en Francia,
Inglaterra y Alemania. Se trata de un movimiento intelectual animado de una
gran fe en la razón humana como instrumento capaz de conocer la realidad y, en
función de su instrumento y de los hechos sensibles, someter a la crítica las
nociones heredadas del pasado en todos los terrenos (el conocimiento de la
naturaleza, la historia, la sociedad, la religión...). Esta pretensión es la
que expresó el gran filósofo alemán Immanuel Kant hacia fines del siglo XVIII
al decir que el espíritu de la Ilustración se condensaba en esta consigna:
"Atrévete a saber", es decir, "¡ten valor de servirte de tu
propia razón!"
Continúa
diciendo que este movimiento produce una nueva temporalidad, basada en la creencia
de un tiempo progresivo y secular, a diferencia del tiempo cristiano medieval
dividido entre un tiempo terrenal y otro supraterrenal, como así también,
distinto a la visión circular del tiempo de los griegos antiguos.
Como
movimiento de ideas, la ilustración adquirió algunos rasgos particulares en
cada país. En el caso español, su influencia se vio limitada frente al
catolicismo, sobre todo al modo en que se pensaron ciertos problemas. Oscar Terán realiza estas observaciones al
respecto:
Además,
este movimiento ilustrado en la España del siglo XVIII tiene una característica
que se reitera en el Río de la Plata: se trata de un proyecto de modernización
cultural limitado. Ocurre que el carácter de la Ilustración española es
moderado respecto de la Ilustración inglesa o francesa, por razones fácilmente
comprensibles: El pensamiento ilustrado no puede circular libremente allí dónde
se opone el pensamiento católico o a los criterios legitimadores de la
monarquía española. De ahí que aparezca esa caracterización que es casi una
contradicción en los términos: ilustración católica. Como resultado, las ideas
de la Ilustración fueron promovidas en torno a prácticas y discursos que no
resultarán conflictivos ni con la monarquía ni con la iglesia. (...)
La Ilustración y la Emancipación (Gregorio Weinberg)
Un libro que de referencia es el de Gregorio Weinberg, titulado Modelos Educativos en la historia de América Latina. Muchos de sus planteos se recuperan en libro de Nicolás Arata y Marcelo Mariño. Aquí me interesa recuperar algunas de sus ideas.
Al referirse de la Ilustración expone lo siguiente:
Caracteriza el “modelo” de la Ilustración su espíritu modernizador ( nada revolucionario en sus objetivos iniciales aunque si alcanzar y hacerlo Por sus efectos mediatos), algunas cuyas notas definitorias podrían enunciarse así: secularización de la vida en general, con sus consecuencias evidentes sobre la sociedad de la administración; diversificación productiva; actualización cultural y educativa; Aunque la preocupación estuviese limitada sobre todo el propósito de instruir una clase dirigente, ampliada por su número, por la incorporación de nuevos sectores y en cierto modo también modificada cualitativamente. [...]
Puede señalarse que sus representantes (del modelo ilustrado) no podían confiar en ningún sector social específico de la sociedad colonial como así tampoco en instituciones como la iglesia, para llevar a cabo su programa. Antes bien, salvo algunos grupos urbanos (comerciantes no vinculados al monopolio o intelectuales) el resto permanecería comprometido con el ordenamiento en la tradicional. Dada esta situación, el único agente de cambio posible que podía avizorarse era el Estado.
Estas citas nos dan un marco para pensar las lecturas de Manuel Belgrano y Mariano Moreno que se presentan en los textos de Arata y Mariño. Agrega Weinberg y esto es fundamental, que el modelo ilustrado sufrirá una serie de transformaciones bajo el signo de la revolución o de los movimientos emancipatorios. El cambio político implicará algunos cambios que perdurarán como telón de fondo del siglo XIX al momento de pensar las políticas educativas.
Entonces, si la ilustración en un primer momento piensa las transformaciones en los marcos definido por el poder imperial español y la autoridad del rey, luego con la revolución en cierne las posibilidad de construcción de un proyecto político se expande introduciendo novedades importantes. Por ejemplo, la lealtad al Rey es reemplazada por la lealtad hacia la Patria. Escribe Manuel Belgrano el 21 julio de 1810 en el Correo de Comercio,
Nuestros lectores tal vez se fastidiarán con que les hablemos tanto de escuelas; pero que se convenzan de que existen en un país nuevo que necesita echar los fundamentos de su prosperidad perpetua.
La cita es elocuente si nos detenemos en la idea de “país nuevo”. Entonces podemos pensar que estamos en un momento enteramente fundante.
Recuperemos la última cita de Gregorio Weinberg
Decaído el fervor catequístico inicial de los primeros tiempos de la colonización europea en el Nuevo Mundo, la Ilustración renueva el entusiasmo por la actividad educativa, aunque atribuyéndole diferentes objetivos -los derivados del nuevo modelo- y que se manifiesta de mil formas diferentes: creación de establecimientos de enseñanza inspiradoros en otro espíritu, sobre todo práctico [...]
Estamos pues en presencia de una nueva ideología, que dispone de nacientes instrumentos, uno de ellos excepcionalmente importante: la difusión del libro cuyo equivalente podríamos a dar hoy a los medios de comunicación de masas […]
El momento siguiente [el que se inicia con la revolución] será, por tanto, el del predominio de esa ideología en busca de actores con fuerza y capacidad suficiente para “hegemonizar” el proceso de cambio que se avecina.
Por último
Bajo el signo de esta época, la instrucción del pueblo comienza a convertirse en imperativo de modernización; un proyecto político sólido, la felicidad (bienestar) de la sociedad y un buen gobierno se consideraban posibles en la medida que el pueblo adquiría cierto nivel educativo. La metáfora de “iluminar” al pueblo era pues un mandato. Traducidos en términos sociales: ilustrados (cultos) y pueblo (incultos).Es decir, el mandato no torcía la jerarquía, los ilustrados se pensaron como vanguardias que debían “guiar” al pueblo, señalar los senderos del buen vivir. Esto es importante tenerlo en cuenta porque nos permite entender el carácter paradójico que adquieren las propuestas por ejemplo de Sarmiento y Alberdi.
En términos de políticas educativas, esto también lo trabaja Adriana Puiggrós, se ensaya en la primera mitad de este siglo XIX, lo que se conoció como el Modelo Lancasteriano, una apuesta de educación en masa a bajo costos y que adquirió resultados variados según los países.
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